martes, 11 de marzo de 2014

Descubrir el personaje que hay detrás ¿Te animas a descubrirlo?

Su madre nunca fue lo que se dice, una mujer con estabilidad emocional.

Acariciando con sus dedos largos y finos su nuevo vestido rojo de seda, sintió un intenso
escalofrío sin saber exactamente el por qué.

Samantha tenía claro lo que quería. Se casaría, formaría una familia en una gran casa rodeada
de inmensos rosales rojos, que ella misma cuidaría con todo el amor y esmero, éste que nunca
había recibido en su tan temprana edad. Pero, el no haberlo recibido no le robaba el derecho de
poder captarlo como solamente los niños podían hacerlo.

Todos sus íntimos sueños quedarían postergados. Lo supo el mismo día que vio a Samuel
entrar por aquella puerta enmarcada con madera de roble, una puerta que tantas veces había
cruzado ella misma y, jamás se había parado a observar su hermosura.

Su primera relación duró lo que dura el paso, de la Primavera al Verano.

A pesar de su hermosura, su inteligencia y ambición, jamás había encontrado el candidato
perfecto para ser cómplice de sus más íntimos y anhelados sueños. 

Una maldición parecía
recaer sobre ella. Nunca olvidaría aquellas palabras de su madre: Eres muy bella hija mía, pero
usa tu inteligencia exquisita, porque mucha gente incauta, de dudosos pasados y futuros
inciertos, querrá aprovecharse de tí.

Si de algo carecía su madre, no lo era desde luego, de sexto sentido y, de su saber de la vida.

Si la carrera de Samantha iba en auge, no lo era menos, su intensa y ajetreada vida social. Se
sentía en aquellos momentos llenos de glamour y poder, como una sirena en alta mar; bella y
poderosa.

Tras Samuel, llegarían otros hombres de diversas provincias, países y, muy diversas
reputaciones.

Sabía que su vida tomaría un giro de 180º, cuando se vió en aquel cuartito oscuro, de míseros
metros cuadrados y, en el cuál, solamente se vislumbraba un hilo de luz, cuando le pasaban
algo de comida.

Tenía la misma habilidad de entrar los problemas como de salir de ellos. Se dio cuenta de éste
sutil detalle cuando se disponía a firmar aquel documento. Subió a la furgoneta aquel día gris de
Invierno, nunca lo olvidará. Al menos se disponía a volver a casa y, podría poner en orden sus
pensamientos y, su cuerpo en óptimas condiciones.

Se durmió, mientras dos lágrimas sellaban su inmaculado rostro, suave como su vestido rojo
de seda favorito. Rojo, rojos los rosales, rojos su vestido y, por qué no decirlo...roja es la sangre
que muchos querían ver derramada.

Soñó con aquellos inmensos rosales, con niños rodeando su casa. Tenía lo que siempre
soñaba en su pronta juventud.
El amanecer no llegó… Cuando más corres buscando la vida, es momento de abandonar